Cuando Christian Duurvoort, mi socio, me dijo que íbamos a hacer un trabajo de preparación de actores para la nueva película uruguaya de César Charlone, quedé feliz de la vida y muy emocionada de poder regresar a Montevideo, una ciudad que me encanta, y unirme al equipo de una película dirigida por un gran director, al que admiro mucho.

Luego, en reuniones, César habló sobre el guión, siempre muy entusiasta, y nos contó la historia de Artigas, sus aliados, sus enemigos, la tierra, la nación que se formó, los gauchos, las luchas, los diálogos, los caballos, los sonidos, la música, la guerra, en fin todo lo que abarca el universo de esta narración.

César mostró su disposición a trabajar también con actores no profesionales, con los verdaderos gauchos de la campaña, y habló de trabajar en un pueblo llamado Tacuarembó.

¡El reto fue propuesto! ¡Y allí estaba yo!

Nos dividimos, Chris y yo, y recayó sobre mí la responsabilidad de iniciar y centrarme en el trabajo de preparación con los actores no profesionales, realizando talleres con grandes grupos, para encontrar a estos personajes tan importantes en la historia de La Redota, personajes que representan al pueblo, a los brazos derecho e izquierdo de Artigas, la vida en los campamentos, los pensamientos de una nación en construcción, la cultura, la voz y la belleza de la campiña.

Cuando me di cuenta, ya estaba en Tacuarembó, un pequeño y acogedor pueblo de Uruguay.

¡Y qué experiencia maravillosa! ¡Única y sensacional!

Recuerdo haber pensado, minutos antes de la primera reunión del taller, que yo, una mujer, estaría inmersa a partir de ahora en un mundo extremadamente masculino, viril, con hombres de expresión fuerte, habla determinada, conocedores de la historia de su país, defensores de sus tierras.

Y el primer día, respiramos, reímos y eliminamos nuestras diferencias. Ellos entraron en un mundo nuevo y totalmente desconocido, que es el cine, y descubrieron nuevas historias, nuevos amigos.

Pude notar en el correr de nuestros ensayos el placer, la sabiduría y la propiedad que poseía aquel grupo cuando hablaba sobre su patria. Historias pasadas, historias actuales de la lucha por la dignidad, por el respeto, por la justicia, por la voz del pueblo, por los derechos humanos y por la democracia, me dejaron emocionada y muy ansiosa por contar esta historia: La Redota.

Me di cuenta de que el trabajo principal era incorporar este placer a las técnicas cinematográficas.

Tuvimos un proceso de trabajo extremadamente satisfactorio, desde mi punto de vista. La voluntad que ellos tenían de participar y contar esta historia, así como la identificación con los temas de la película, era tan grande, que la presencia de la cámara no los intimidaba. Trabajando siempre en la búsqueda de la espontaneidad, a través de varios ejercicios, respiraciones, muchas improvisaciones, concentración, la construcción de relaciones, debates interesantísimos sobre el tema de la película, con el tiempo y la práctica de nuestros encuentros, la estructura cinematográfica fue cayendo en su lugar, y los personajes fueron apareciendo. Cuando advertí, ya estábamos haciendo las escenas alrededor de una fogata, con un mate en la mano, los caballos listos, con nuestro elenco establecido.

¡Quedé muy contenta con el desafío conquistado!

Doy las gracias a Chris por la asociación, a César por la confianza, a todo el equipo, siempre disfrutando de aquella oportunidad, a Fernando, nuestro asistente, a los actores maravillosos de Montevideo con quienes pude trabajar también, y a los actores de Tacuarembó por la increíble experiencia de vida que tuve en este trabajo.

¡Felicitaciones a todos por la entrega y la realización de un trabajo hermoso!

Marina Medeiros – Preparadora de ActoresMarina Medeiros y actores de la Redota

Anuncios