La redota cuenta con tres protagonistas. Uno de ellos es Rodolfo Sancho, quién interpreta al sicario, Guzmán Larra, que deberá, por orden de Manuel de Sarratea, asesinar a Artigas.

Sancho es un actor español nacido en Madrid, en 1975. Es hijo del también actor Sancho Gracia.

Rodolfo Sancho tal vez no sea un nombre muy conocido por estas latitudes, pero en España es la figura del momento.  Su extensa filmografía incluye varios papeles en televisión, destacando el de Nico de Al salir de clase y en 2007 ha sido uno de los protagonistas de la serie médica MIR de Telecinco.

Sus últimos trabajos en televisión fueron La Señora (TVE) y Gavilanes (Antena 3), de las que fue protagonista y gracias a ellas se ganó el título de galán.

Rodolfo Sancho en la piel de Ángel en La señora

Sancho interpretó al hermano mayor en la serie Gavilanes

Pero no todo es televisión, Sancho también ha hecho carrera en cine trabajando con directores de la talla de Álex de la Iglesia en La comunidad o Muertos de risa, en Pacto de brujas (de Javier Elorrieta), entre otros. En 2006 participó con un pequeño papel en el debut como director de Jorge Sánchez-Cabezudo, La noche de los girasoles, así como en la película La bicicleta de Sigfrid Monleón.


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La Redota cuenta con numerosas escenas de combate. Christian Zagia fue quién estuvo a cargo de ellas y a continuación nos cuenta cómo fue el proceso de trabajo y un poco de la profesión en general:

Por varios motivos realizar las distintas coreografías de violencia para La Redota implicaba una gran responsabilidad. Primero, porque es un proyecto que hace referencia a hechos y en particular a una figura tan importante en nuestra historia que todos hemos construido una imagen propia en nuestro imaginario. A eso se le sumaba el nivel del equipo que participaba en la realización, encabezado por un director con las credenciales de César Charlone, a quién no conocía personalmente pero respetaba por su intensa trayectoria. Luego de una primera reunión con él me sentí sumamente entusiasmado por su energía, confiado por su visión y tranquilo por su humildad al confesarme que juntos íbamos a descubrir la forma de contar los distintos episodios de violencia que sugería el guión. La consigna inmediata fue la de construir verdad  con un alto nivel de realismo a la hora de rodar las escenas. El guión describía peleas capoeira, asaltos perpetuados por niños, sangrientos duelos con cuchillos y un asesinato. Para ello, contamos con un elenco variado integrado por actores con y sin formación en el campo de la interpretación. Inmediatamente implementamos un régimen de ensayos de entre una y tres horas diarias, para cada escena, durante tres meses. De esta forma logramos un nivel excelente y parejo entre todos los actores. Cabe destacar la determinación y entrega de cada uno de ellos sin distinción de edades.

A la hora de diseñar cada coreografía el desafío es el mismo que requiere cualquier escena narrada en un guión cinematográfico, construir una estructura dramática que sirva a los efectos deseados por el autor. Es importante mostrar a los personajes con las características que los definen en su vida ordinaria, la motivación que los lleva al enfrentamiento con sus inseguridades, saber qué es lo que los empuja a la violencia, los peligros que enfrentan y el desenlace final.

Para los enfrentamientos que requerían habilidades en Capoeira contamos con un especialista en la rama “Angola”. Nos enseñaba una variada gama de movimientos que seleccionamos y descartamos en función de su valor estético y dramático. El resultado fue sumamente satisfactorio al ver el misticismo y la belleza que encierra la Capoeira enfrentada a una técnica europea de combate con cuchillo mas tosca.

En los asaltos que contaban con la participación de niños era necesario echar mano sutilmente al recurso del humor para que el combate fuese visto desde su propia óptica. Con la crueldad requerida en un punto determinado de la historia pero a la vez con la frescura e ingenuidad propias de su edad.

Todo lo contrario pasa en un duelo con cuchillo entre un gaucho y un teniente portugués. Usamos como referencia salvajes peleas de la vida real y maniobras de domadores adaptadas a técnicas de combate con cuchillo y peleas cuerpo a cuerpo. Finalmente obtuvimos el sangriento y violento resultado que buscamos para reflejar la crudeza del momento.

La velocidad y frialdad de la muerte fue la inspiración para representar un silencioso asesinato por encargo. Pocos movimientos, rápidos y de muchísima precisión para ilustrar la sorpresa de alguien que es asaltado por la muerte sin previo aviso.

La experiencia en cada ensayo sirvió de aprendizaje para cada uno de los involucrados. La prueba y el error de cada jornada aumentó la concentración, la velocidad y la resistencia física de los actores. Factores determinantes para preservar su seguridad en cada uno de los episodios.  La capacidad de superar cualquier imprevisto en la menor cantidad de tiempo cuando la cámara está próxima a rodar y a veces incluso cuando ya lo está haciendo.

En lo personal ha sido una experiencia que me llena de satisfacción y que me demuestra que en nuestro país se pueden realizar hechos artísticos de gran calidad, de los que la mayor parte del tiempo no somos conscientes o no nos creemos capaces. Mi entero agradecimiento al resto de la producción por permitirme formar parte de este talentoso equipo y una vez más a los actores que sin lugar a dudas dieron lo mejor de cada uno.

Christian Zagia

El estreno de La Redota cada vez está más cerca (5 de agosto). Por eso la producción sigue trabajando arduamente. Hoy te mostramos el back de la producción de fotos que se hizo el viernes pasado para diseñar el afiche de la película.

Con el director, César Charlone,  como broche de oro cerramos Cómo / Qué / Cuándo / Por qué, el ciclo de preguntas y respuestas a aquellos personajes clave que formaron parte del elenco y equipo técnico de La Redota: Una historia de Artigas.

Ahora sabés un poco más del tan esperado estreno del 5 de agosto. Ya te mostramos lo que directores, productores, guionistas, actores, músicos, editores, vestuaristas, entre otros, sienten, opinan, reflexionan y recuerdan del rodaje, y del proyecto en su totalidad.

En laredotalapelicula.com nos pareció provechoso resumirte cómo todos definieron a Artigas con una palabra:

  • Un hombre
  • Caudillo
  • Normal
  • Revolucionario
  • Querible
  • Sublime
  • Reflexivo
  • Incomprendido
  • Osado
  • Inesperado
  • Impenetrable
  • Necesario
  • Como un llanero solitario.

Decinos cómo tu definirías a Artigas con una sola palabra.

NOMBRE: CÉSAR CHARLONE

ROL: DIRECTOR Y CO-GUIONISTA

¿Cómo y cuándo nace este proyecto? ¿Qué te inspiro a dirigirlo?

 

A principios de  2008, José María Morales y Sancho Gracia me invitaron a dirigirlo. Iban a hacer Artigas dentro del proyecto “Los Libertadores”. Una serie de largometrajes para TVE, con motivo de los bicentenarios de las independencias de los países latinoamericanos. Dirigirlo era un desafío y tanto. Copio un texto que había al principio, en una versión anterior del guión y que resume lo que sentíamos con Pablo (Vierci).

“….En todas las plazas principales de las ciudades hay una estatua ecuestre. En la pared central de escuelas y oficinas públicas está el retrato de un prócer. José Gervasio Artigas. Si es una figura tan emblemática, ¿por qué hay tantas historias desencontradas? ¿Cómo entender que en los sangrientos años 70, desde la izquierda armada más radical, hasta los golpistas de ultraderecha, reivindicaron su figura y enarbolaron su nombre como el mentor de sus ideales, llegando a dar su vida por ellos?”

Un desafío y tanto,  ¿no? ¿Cómo no hacerlo? Nos tiramos al agua …y fueron 3 años de entrega y placer.

¿Cómo fue el trabajo de escritura de guión con Pablo Vierci?

Como bien dice Pablo: “de taquito”.  Pablo es una ametralladora de ideas, de hecho el primer guión daba para una película de 3 horas. Y con la ayuda del Skype,  en noches de peloteo y disfrute, la fuimos afinando. Siempre estuvimos lado a lado. Vimos mucho cine “histórico”: del bueno, del aburrido, del emocionante y conversamos mucho. Fue un permanente peloteo. Si no fuera por Skype, todavía estaríamos en la página 20.

¿Cuándo te diste cuenta que Esmoris era Artigas?

Como hace tiempo que no vivo en Uruguay, y por lo que el proyecto significa, una película sobre Artigas para la TV española, me propuse hacer un film “en constante consulta”. Pablo Vierci hablaba siempre de Artigas como un “conductor conducido”. Me encantó y me propuse lo mismo para la dirección. Me dejé conducir por los encargados de cada área del film. Fue así también en el tema elenco. Me iban sugiriendo y yo iba comprando. Hicimos pruebas con un montón de geniales actores. Todos, absolutamente todos daban excelentes Artigas. Lo consulté mucho con quienes me rodeaban.  Es verdad,  fue lo más difícil de resolver. Me llamaba la atención que es lo que más te preguntaban cuando decías que ibas a hacer una película de Artigas… “y quién va a ser Artigas?…ah, para mi tiene que ser fulano” . Cada uno tenía el suyo, pero teníamos que filmar uno. Y el mío fue Jorge.

¿Por qué Larra es un personaje ficticio?

¿Quién  dijo?  Quién sabe existió….

¿Cuál fue el mayor obstáculo que tuviste que enfrentar durante el rodaje?

Focalizar en lo que me parecía que iba a quedar después cuando la montara. Era tanto y tan lindo lo que me ponían delante de la cámara y lo que nos rodeaba , que elegir era lo más difícil y todavía en el montaje lo es.

¿Cuál es tu recuerdo favorito del rodaje?

Darme vuelta después de filmar cualquier plano y ver la cara de buena onda del equipazo que me acompañó en el set. Ver la cara de satisfacción del Alejandra Rosasco (la vestuarista) que me había puesto un Blanes frente a la cámara. Ver la cara de agotados y felices de Cappi y Maripé (encargados del arte) por el campamentazo que crearon.  Ver la realización en la cara de Estela Vallegra y “sus chicas” (maquillaje)  cuando las patillas y las heridas se veían creíbles. Ver el orgullo  de Santi y Cris (dirección de actores) cuando sus “no actores” se paraban frente a un Esmoris o a un Sancho (Larra) y le actuaban como que así lo hubieran hecho siempre. La felicidad de Fabián Oliver (sonido) de poder atrapar en su grabador ese mundo de pájaros pintado, y todo eso acompañado por los temazos de Luciano Supervielle que me acompañaban en el IPod mientras filmaba. Todo el equipo unido, durmiendo casi nada y dándolo todo ante cada “y vamos” que Sergio De León (asistente de dirección y productor) pacientemente pedía. Todo eso, muy gratificante, muy emocionante. Tremendo recuerdo. Como decimos en Brasil: “VALEU”.

¿Cómo describirías a Artigas en una sola palabra?

 

Necesidad.

¿Por qué la gente tiene que ver Artigas – La Redota?

 

Para ver si se sienten identificados con algo de lo que hicimos. Para ver si el Artigas y los orientales los representan.  Para ver ese Ayuí, que con la ayuda de Ana Ribeiro, J.M Olivero y O. Montaño (historiadores) pusimos en la pantalla, y que Maggi (historiador) sintió como el nacimiento de una nación. En fin, por todo eso, y para que nos provoque la reflexión, la discusión, el análisis. O simplemente para divertirse un rato viendo y escuchando el trabajo de un grupo de profesionales del cine uruguayo, que durante un buen tiempo se dedicaron a investigar, imaginar y a recrear el mito.

En 1884, el dictador Máximo Santos le encarga al famoso pintor uruguayo Juan Manuel Blanes que haga un retrato de José Artigas, de quien sólo existe un dibujo de pocos trazos realizado en su vejez. Blanes intenta imaginarlo por intermedio de sus ideas y la peripecia de su vida, hasta que encuentra los apuntes y dibujos de un tal Guzmán Larra, un ex espía español que, ante la debacle europea, traicionó a su patria para quedarse en América y traer a su amada, que continúa en la España ocupada por Napoleón. Por causa de un crimen para hacerse del dinero necesario para lograr su deseo, Larra es capturado por el porteño Manuel de Sarratea, que le perdona la vida a cambio de que asesine a Artigas, el jefe rebelde de los orientales que no se somete a la hegemonía de Buenos Aires, acampado en el Ayuí, al norte de lo que es hoy Uruguay. Acompañando a Larra, Blanes conoce a Artigas. La redota se convierte, así, en dos búsquedas diacrónicas tras un mismo hombre: José Artigas.

Este es el argumento de Artigas – La Redota. A continuación, Pablo Vierci (co-guionista de La Redota) nos explica por qué el personaje de Guzmán Larra es ficticio:

“Una película histórica como Artigas – La Redota, puede tomarse algunas licencias pero no cualquier licencia. El rigor histórico en lo esencial, puede beneficiarse mediante un manejo más libre en los personajes y situaciones, si estos son funcionales y enriquecen el relato. Éste es el rol que cumple el personaje Guzmán Larra, una ficción verosímil.

Hay fuertes evidencias de que a Artigas intentaron asesinarlo. Aprovechando estas constataciones históricas, creamos este sicario, ex espía español, Guzmán Larra, interpretado por el reconocido actor español Rodolfo Sancho.

Cumple un rol relevante en la trama y a la vez funcional para destacar la peripecia histórica. Guzmán Larra no tergiversa el núcleo duro de lo que ocurrió en 1812 sino que permite que se visualice mejor. La mirada de un sicario español, bajo las órdenes de Manuel de Sarratea, nos permite focalizar a Artigas desde otra perspectiva, rotando el punto de vista y al mismo tiempo observando lo que sucede en la América convulsionada desde al óptica de un europeo, cuando la propia España está a la deriva por la invasión napoleónica.

La mirada de Larra será parte, también, de la mirada del espectador, que de este modo percibirá todos los matices de un tiempo tan complejo como fermental.”

Conociendo al equipo detrás de Artigas – La Redota.

NOMBRE: JORGE ESMORIS

ROL: ACTOR (INTERPRETA A ARTIGAS)

¿Qué te motivó/inspiró a formar parte del proyecto?

Lo riesgoso de éste. El poder ponerle sudor, risas, lágrimas, dudas a un Gran Hombre al que le prohibieron, sudar, reír, llorar y dudar.

¿Qué fue lo primero que pensaste cuando te dijeron que ibas a interpretar el papel de Artigas?

Que César Charlone quería retirarse al Paraguay y buscaba a alguien que lo acompañara. Tengo bien claro que sólo alguien que viviera en otro país, como César, podía tomar la decisión que tomó.

¿Cuál fue el mayor obstáculo que tuviste que enfrentar durante el rodaje?

Sinceramente no puedo destacar un obstáculo en particular. Lo más probable es que hayan sido cientos. Pero siempre me sentí alentado, apoyado, contenido y guiado por César, por Chris Duurvoort (coach de actores), por los compañeros y por la maravillosa gente de Tacuarembó, a mi entender los grandes hacedores de esta aventura.

¿Podrías describir tu proceso de trabajo para el filme?

Lo inicié como me lo enseñaron: buscando información, sobre el personaje y su contexto. Comencé a rastrear libros y más libros, hasta que llegó un momento en el que ya no sabía qué libro estaba leyendo, de historia, de costumbres, libros que se contradecían unos con otros. Tenía la sensación que en cada uno de ellos se iba armando a un Artigas a imagen y semejanza de quien lo escribía. Fue entonces que dije basta, no lo busco más, dejemos que el venga solito y cuando quiera. Entonces tome el guión de Pablo (Vierci) y de César y trate de encontrarle un pulso, una música y esa música sí surgió al instante, eran las guitarras de Zitarrosa, era la voz de Zitarrosa –dolor y esperanza- agonía y éxtasis. Fue así que me armé un combo de canciones, y pasaba todo el día o buena parte del día escuchándolas hasta que ya la música y la voz no eran ni música ni voz sino puro sentimiento. Y en el propio rodaje, yo o el otro caminaba, miraba, oía, amaba y puteaba al ritmo de las milongas de Zitarrosa. Pero este Artigas no es fruto del proceso de un actor y la suma de los procesos de César Charlone, de Pablo Vierci, de todo el equipo… y de los fogones que naturalmente se fueron dando en el rodaje. Y esos procesos iban variando a medida que rodábamos, porque creo que todos fuimos a buscar a Artigas a su hábitat y entre su gente. Creo yo que lo encontramos… pero la última palabra la tendrá la gente. ¿Su gente?

¿Cuál es tu recuerdo favorito del rodaje?

Todo, absolutamente todo el equipo de trabajo. Y por supuesto mi relación con el caballo que monté, fue todo un descubrimiento y de las cosas que más extraño…!galopar!

¿Cómo describirías a Artigas en una sola palabra?

Impenetrable

¿Por qué la gente tiene que ver La Redota: Una historia de Artigas?

Porque vale la pena y se van a entretener, en el sentido brechtiano del término entretener claro está.

 

NOMBRE: DANIEL FERNÁNDEZ VAGA

ROL: DIRECTOR DE ARTE

¿Qué te motivó/inspiró a formar parte del proyecto?

Comencé a participar de éste proyecto, bastante tiempo antes que César Charlone me ofreciera hacer la Dirección de Arte, en el rol de Utilero de rodaje. Desde ese momento y desde otro rol distinto al que finalmente tuve, sentí la responsabilidad de colaborar en esta aventura que es realizar una minuciosa reconstrucción de época , de la cual sabemos la historia contada  por los vencedores, abundante en anécdotas, cuentos, fábulas y leyendas. Me motivó mucho pensar que desde mi lugar podía aportar algo en la construcción de una visión diferente a la que conocemos sobre la vida y costumbres de principios del siglo XIX y el comienzo de la gesta revolucionaria.

¿Qué fue lo primero que pensaste cuando te dijeron que Esmoris iba a interpretar el papel de Artigas?

No me sorprendió encontrarlo entre los actores que habían participado en el casting. No sé si fue lo primero que pensé, pero me gustó que se eligiera a Jorge que físicamente no estaba entre los “parecidos” al Artigas que conocemos, la imagen inventada que conocemos. De alguna forma nos alejamos del parecido físico , de la imagen del cuadro, del bronce, también eligiendo a Esmoris. El compone un personaje increíble.

¿Cuál fue el mayor obstáculo que tuviste que enfrentar durante el rodaje?

No tuvimos obstáculos demasiado grandes, creo. Algunas cuestiones climáticas muy adversas, temporales, lluvias y viento que dificultaron el trabajo en ocasiones. Podría señalar sí, que tuvimos en un momento una locación elegida para empezar nuestro campamento de construcción del set donde ya habíamos acumulado la mayor parte de los materiales, 90 toneladas de madera por ejemplo, que sufrió una inundación tremenda y resolvimos dar marcha atrás con ese sitio, comenzar a buscar de nuevo y mover todo ese material. De alguna manera fue algo que nos re-motivo para seguir en otra dirección y el resultado fue muy bueno.

¿Podrías describir tu proceso de trabajo para el filme?

Comenzó en 2008, después de la lectura del guión, vino la investigación que realizamos a partir de tres fuentes principales: la lectura de documentos históricos , como el archivo Artigas, que abarcaran ese período de la historia que queríamos contar, relatos de personaje que hubiesen estado por éstas tierras registrando lo que veían y sus impresiones, material imprescindible para la reconstrucción de la vida cotidiana, y visualización de imágenes de la época, pintura, grabados, dibujos, etc. Por otro lado todo, el material interpretativo de los acontecimientos reflejado en los libros de los historiadores, monografías y tesis de todo el período desde el punto de vista de la Historia y la Antropología. Junto con esto las jornadas de trabajo con docentes, historiadores e investigadores de diferentes disciplinas , nos completaron  un panorama muy amplio y completo sobre el período y los acontecimientos históricos. La tercer pata de la investigación fue hacer un trabajo de campo que comenzó en la Patria Gaucha del 2009, para interiorizarnos  en ese paisaje humano del norte de nuestro país que recrea, año a año, la vida, costumbres y episodios de nuestra historia. Aprender de esa gente  nos abrió un camino que después transitamos que fue el de definir un criterio estético de la película, apegado a la historia, pero con un estilo integrador del saber hacer de la gente del campo, marcando el espacio, los materiales a utilizar y  conversando mucho sobre la historia que queríamos contar para obtener un proceso de creación colectiva, sobretodo en la construcción de lo que fue el campamento Artiguista en el Ayuí. En la locación elegida se acampó  durante 4 semanas para construir la comandancia, iglesia, viviendas, herrería, palenques, corrales, panadería, matadero, saladero, etc., antes de eso y sabiendo a grandes rasgos que es lo que se construiría, el equipo de construcción acampo durante 4 días para buscar y cortar la madera nativa de monte.

Más de 1200 objetos de utilería se consiguieron, o se fabricaron  para la película, desde espuelas y puntas de lanza hechas con métodos tradicionales en la localidad de Tambores, hasta ánforas, porrones en cerámica y artículos de cuero realizados en Bellas Artes y la UTU en Montevideo.  10 carretones réplicas de los usados en el Éxodo, construidos en talleres de escenografía, transportados y armados en Tacuarembó.

El proceso de recreación y ambientación, abarcó escenarios de Colonia, Montevideo, Canelones, Maldonado , Tacuarembó y la recreación de un asentamiento indígena, filmado en la localidad de Emboscada en Paraguay.

¿Cuál es tu recuerdo favorito del rodaje?

Mi mejor recuerdo viene del amor, el cariño y el enorme esfuerzo que los compañeros le pusieron a éste proyecto. Tanto el equipo de Tacuarembó como el equipo técnico de Montevideo que trabajo tanto en el norte como en el sur.

¿Cómo describirías a Artigas en una sola palabra?

Un HOMBRE

¿Por qué la gente tiene que ver Artigas – La Redota?

Por primera vez  podremos ver en imagen , luz, palabra y sonido, cómo se vivió en aquella época de la que poco sabemos. Porque conjuga el apego a los acontecimientos históricos, de un argumento original documentado en hechos reales en un producto audiovisual muy dinámico y atrapante.

Conociendo al equipo detrás de Artigas – La Redota

NOMBRE: PABLO VIERCI

ROL: CO-GUIONISTA

¿Cómo y cuándo nace este proyecto? ¿Qué te inspiro a embarcarte en él?

 

Hace tres años, en el 2008. Es un proyecto de Sancho Gracia, que lo tenía en mente desde hacía mucho tiempo, y pudo concretarlo en conjunto con José María Morales, de Wanda Films, y Televisión Española. Cuando César Charlone me habla de la idea, parecía el “sueño del pibe”, para los dos. No tanto por un exceso de patriotismo, sino porque se nos presentaba la oportunidad de recrear un momento clave de la gesta emancipadora de Artigas en lenguaje audiovisual. Uruguay tiene excepcionales historiadores y pensadores, muchos de los cuales nos asesoraron con generosidad y sabiduría en el proceso de escritura del guión. Pero a la vez creo que frecuentemente la historia que se enseña en la educación formal en Uruguay, se la presenta de forma poco atractiva e interesante. Entonces acá surgía la oportunidad de contar historia que entusiasme, pero desde afuera de la historiografía, o desde la óptica de “contadores de historias”, no de historiadores profesionales, un relato que entretenga, que permita que la gente, empezando por uno mismo, pueda hacer asociaciones, que vincule lo que está disperso, que relacione lo que aparentemente no tiene nada en común, que permita que uno comprenda lo que antes no comprendía, que se arroje luz sobre lo que estaba oculto y de ese modo uno se posiciona ante la vida de forma diferente.

¿Cómo fue el trabajo de escritura de guión con César Charlone?

 

Soy amigo íntimo de César desde que tenemos seis años, fuimos compañeros de colegio y seguimos siendo amigos toda la vida. Entonces el proceso es muy peculiar. Jugamos “de taquito”, lo conozco demasiado bien y él me conoce demasiado bien a mí. Pero por suerte nos complementamos, yo estoy mucho más vinculado a la palabra y él a la imagen. Además considero, desde hace décadas, que él es un director de cine nato, aunque pasó buena parte de la vida como director de fotografía. Y para ser director de cine, a mi juicio, se requiere un don especial, que muy pocas personas tienen. Y ese don está vinculado con muchas áreas, porque el director debe tener aptitud para la plástica, para la música, para la interpretación, para el ritmo, para contar una historia fundamentalmente en imágenes, para entusiasmar a un grupo heterogéneo de gente, que debe dejar el alma para producir el film. Incluso yo siento que él es hasta un buen actor, al punto que cuando viene con una idea, me pregunta: ¿querés que te la cuente o que te la interprete? Y por supuesto yo siempre prefiero que me la interprete, me siento como en la butaca del cine, y disfruto sobremanera. Además el hecho de jugar “de taquito”, implica algunas peculiaridades en la forma de trabajo. César y yo “debutamos” en largometrajes con la misma película, en Brasil, en 1984, en el film titulado “Aqueles dois”. Los dos somos obsesivos y apasionados, e incondicionales uno con el otro. Cuando nos surge un problema en el relato, nos desesperamos en un sentido casi trágico, hasta que encontramos una solución. Cuando aparece, si no estamos juntos, nos hablamos por teléfono, él en San Pablo y yo en Montevideo, y gritamos de euforia.

¿Podrías describir tu proceso de trabajo?

Queríamos que el Artigas fuera de carne y hueso, como ya se ha dicho, bajarlo del bronce. A la vez queríamos que la historia tuviera relato, que no fuera contada como la historia tradicional. Nosotros no queríamos que fuera una obra para History Channel. Entonces queríamos darle contexto, que cuando el espectador vea la película empiecen a “caerle las fichas”, descubra por qué ocurrieron los hechos, encuentre cosas que no sabía, que se sorprenda, que experimente “insights”, que descubra de pronto la verdadera razón de por qué somos tan republicanos, por ejemplo, o por qué en Uruguay nadie le baja la mirada al otro, como sucede en el resto de América, porque desde el origen “naides es más que naides”. O sea, al fin terminamos descubriendo por qué somos como somos, que es la base para proyectarnos hacia adelante.

En cuanto a mi proceso de trabajo, primero leí muchísimo sobre el tema, y después, como dice Borges, no quise saber más nada de historia, para que nos dieran libertad, a César y a mí, de crear un relato. Luego de creado, volví a los libros, y al generosísimo apoyo de los historiadores, para que no hubiera errores históricos, para no caer en anacronismos, que es juzgar la historia con ojos del presente. Otra característica muy personal es que yo prefiero escribir muchísimo, prefiero tener un primer tratamiento de 300 páginas, y luego ir quitando, rearmando, reordenando, para llegar a un texto enjuto, para que el director pueda dar todo de sí y la obra crezca, a sabiendas de que el único beneficiario es el espectador. Y además, lo que dije antes: soy obsesivo. Me cuesta desprenderme del tema en el que estoy trabajando, que me tiene apasionado, no me lo puedo quitar de la cabeza. Me despierto de madrugada con la historia. De noche me develo con los personajes. Y sé, por experiencia, que vuelvo a ser una persona “normal” cuando la historia quedó redonda, rotunda, emocionante. Ahí respiro, descanso, me distiendo… hasta que me obsesiono nuevamente con otra historia.

¿Qué fue lo primero que pensaste cuando te enteraste que Esmoris interpretaría a Artigas?

 

Una noche, César vino a mi casa en Montevideo y me trajo un DVD con los cinco que habían resultado finalistas en el casting, de acuerdo a su criterio. Y en verdad no tuve dudas: como se lo dije en ese momento, Jorge Esmoris tenía profundidad en la mirada,  que era imprescindible para un personaje que siempre será un enigma, que siempre podrá seguir descubriéndose. La mirada de Jorge no tenía frontera. César había llegado a la misma conclusión antes de mostrarme el DVD.

¿Tuviste oportunidad de visitar el set? ¿Cuál es tu recuerdo favorito del rodaje?

Sí, varias veces estuve en el rodaje. Incluso en una de las oportunidades me pusieron como extra. Mi recuerdo favorito fue cuando se rodaron las payadas. No sólo porque ahí estaban algunos de los mejores payadores del Río de la Plata, sino porque verdaderamente estaba en el Ayuí, en 1812, y como los payadores tenían el tema de la payada pero debían improvisar las décimas, observaba lo que estaba sucediendo boquiabierto, en medio del campo, a las 3 de la madrugada, un día de semana, en 1812, emocionado porque ahí estaban disputando el destino y el nacimiento de una nación.

¿Cómo describirías a Artigas en una sola palabra?

 

Un hombre inesperado.

¿Por qué la gente tiene que ver Artigas – La Redota?

 

Por la misma razón por la que yo debo verla: para entender la historia desde otro punto de vista, para visualizarla con contexto, para comprender mejor quiénes somos, a dónde vamos, para poder vincular hechos, personajes y situaciones que estaban flotando en mi memoria, y ahora comienzan a rearmarse en un mosaico que me ofrece imágenes nuevas, que desconocía. No quiero ser patriotero, ni chauvinista, pero creo que es muy interesante que Artigas tenga la escala que se merece, entre las grandes personalidades del bicentenario. A nivel internacional rankean alto Bolívar y San Martín pero Artigas suele pasar desapercibido. Y es el gran republicano de América, se adelantó a las democracias más modernas, sentó las bases de un igualitarismo –que no es “pobrismo”, aunque era una persona de una austeridad asombrosa- en épocas donde estaba vigente la esclavitud, incluso en esta Banda Oriental. Es un hombre enigmático, que tiene fondo en la mirada, que siempre nos interpela. Ver la película no sólo nos hace entender mejor quiénes somos, sino que nos permite advertir que tenemos la potencialidad de ser lo que queremos ser.

 



Conociendo al equipo detrás de La Redota: Una historia de Artigas

NOMBRE: FABIÁN OLIVER

ROL: SONIDISTA


¿Qué te motivó/inspiró a formar parte del proyecto?

Esta es una película en la que me interesaba trabajar. El rodaje ya suponía un gran desafío entre otras cosas por la manera en que Charlone la quería filmar. Iban a haber muchas cámaras rápidas, en mano, en ese caso el trabajo del microfonista y el mío deviene muy físico. Eso sumado al calor, a Tacuarembó, al vestuario, maquillaje y al arte, me hacía pensar en un rodaje bastante intenso. Nunca había filmado nada “de época”, eso también me seducía, y sobre todo, esta historia Uruguaya, que va a quedar en nuestro legado fílmico.

¿Qué fue lo primero que pensaste cuando te dijeron que Esmoris iba a interpretar el papel de Artigas?

Me sorprendió y me dio un poco de miedo. No porque dudara de la capacidad artística de Esmoris, sino porque él está vinculado al carnaval, al humor, y creía que iba a ser difícil que pudiera ser mi Artigas. Esmoris es flaco, mi Artigas es mas corpulento, de complexión más fuerte. Finalmente, el vestuario y el maquillaje, le dieron el cuerpo que le faltaba, su voz tiene una indiscutible penetración y presencia, y a través del rodaje fui perdiendo a Esmoris y encontrando a este Artigas de La Redota. Compro.

¿Podrías describir tu proceso de trabajo (cuánto tiempo llevó, por qué etapas pasaste, etc.)?

Mi trabajo en este film tiene 3 etapas. La primera es el rodaje. Fueron unas seis semanas, principalmente en Tacuarembó, pero también estuvimos por Minas, Colonia y Montevideo. En esta etapa mi trabajo consiste en grabar todo el sonido directo (el sonido de las escenas que se filman, privilegiando los diálogos), y recolectar todo tipo de sonidos interesantes que se puedan usar en la postproducción del film, como ambientes de día y de noche, animales, arroyos, tormentas, lluvia, pájaros, todo lo que se escuche y que pueda servir funcionalmente, o dramáticamente. En esta etapa el apoyo del equipo de dirección es fundamental, ya que para grabar cosas hay que quedarse quieto, no moverse y darme ese espacio de silencio e inactividad de todo el equipo (tanto más en el campo que es muy silencioso). En las reuniones de preproducción Charlone me dio todo su apoyo, como lo hace la enorme mayoría de los directores. Pero en el rodaje, tengo que decir que César fue uno de los pocos directores que nunca me puso un no para grabar un ambiente interesante, un hilo de agua, unos pájaros, para repetir una toma por un motivo sonoro. Encontré un apoyo incondicional de su parte, y una consistencia de discurso. El cine es un fenómeno audio-visual, y los films se construyen desde esos dos universos. La imagen narra, el montaje de imagen narra, pero el sonido narra y el montaje de sonido también.

La segunda es la generación de unos paisajes sonoros, obras sonoras para que el montajista edite algunas secuencias. Esta es una etapa nueva para mí. Durante el rodaje, empezamos a conversar sobre cómo contar unos momentos internos de uno de los personajes del film, cómo contar unas secuencias que parecían medio expresionistas (por lo menos desde el lenguaje), libres, metafóricas. Hablamos mucho del sonido, de los silencios, y de porqué el montajista tenía que editar con una música de referencia esos pasajes del film, en lugar de editarlos con unos paisajes sonoros diseñados especialmente. Surge entonces, la idea de esta generación de obras sonoras.

La tercera y última es la postproducción. Cuando el film ya está editado, me lo entregan para que junto a un equipo, trabajemos el sonido. Esta etapa tiene un componente más funcional como lo son los ambientes, la edición de diálogos, pulir y agregar capas de sonido para construir un “lecho” sonoro sobre el cual se sienta el film. La idea es la fluidez. El otro componente es mas narrativo, en donde la música, los efectos, y estos paisajes sonoros (y sus interacciones) comienzan a jugar desde el punto de vista dramático. Todas esas capas de sonido (diálogos, ambientes, efectos, Foley, y música), se mezclan en un estudio muy similar a una sala de cine, para que luego el film suene tal cual se mezclo, pero en salas.

¿Cuál fue el mayor obstáculo que tuviste que enfrentar durante el rodaje?

Uno de los mayores obstáculos fue el viento. Los micrófonos son muy sensibles al viento, y en el campo al medio día, siempre sopla. Los micrófonos solaperos (los que se esconden en los actores) son sensibles también. El equipo de vestuario trabajo con fibras naturales en este film. Las fibras naturales ayudan mucho a esconder micrófonos en la ropa, ya que tienen muy poco ruido propio, y generan muy poco ruido mecánico. La ventaja, también, es que son acústicamente bondadosos: el sonido pasa bien a través de esas telas, o sea que la voz la podes grabar bien. El calor fue otro problema, mucho calor, los actores transpiraban, por lo que no podes pegar micrófonos a la piel, todo tiene que estar pegado a la ropa, y con el tiempo y el movimiento se despegan. Tenés que estar chequeando siempre. El diseño del equipo de sonido fue otro componente importante. Ya que Charlone filma tan ágilmente, el bolso del grabador de sonido va colgado junto con los receptores y transmisores inalámbricos a un arnés. Al mismo tiempo de llevar todo colgado tengo que maniobrar unos de los 2 micrófonos de aire (el primero es el del microfonista). Usé un Aaton Cantar: grabador muy compacto, fuerte, con buena autonomía de baterías y, por suerte, flexible.

¿Cuál es tu recuerdo favorito del rodaje?

El recuerdo favorito es la energía. Fue un rodaje muy intenso, un equipo chico, los desayunos, los chorizos de rueda, los extras, actores, facones, calaveras, y el calor al salir del hotel de Tacuarembó al amanecer, entre 1000 imágenes. Todos se sentían involucrados. Recuerdo a todo el equipo escuchando en silencio, mientras grababa, el ambiente del campo.

¿Cómo describirías a Artigas en una sola palabra?

Un hombre NORMAL. Con sus debilidades, inseguridades, pasiones. Pero integro, de palabra, solidario, luchador.

¿Por qué la gente tiene que ver La Redota: Una historia de Artigas?

Porque van a ver o sentir, algo de cómo pudo ser aquella época dura, no sólo en lo físico, sino también en lo intelectual. Va a ser un film moderno, que toca nuestra identidad.

 

 

 

 

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